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Onda Salud - El verano, el calor, la siesta y sus efectos

En verano una de las cosas que más buscamos es el descanso. Hablaremos del sueño, de la siesta y de las diferentes técnicas para dormir y descansar bien.

Empezamos hablando con el Doctor Pedro Mayoral Odontólogo especialista en trastornos del sueño.

Cuando los músculos de la faringe se relajan demasiado, la vía aérea se puede bloquear por completo, impidiendo la respiración. Esto es la Apnea Obstructiva del Sueño, que puede pasar desde una o dos veces en la noche y hasta varias veces por hora.

Este bloqueo obliga al cerebro a producir microdespertares para que se reactive la respiración, rompiendo así la estructura del sueño, provocando síntomas de cansancio y dolor de cabeza durante el día y riesgos graves para la salud del que la padece.

El sueño, sobre todo en su fase REM (movimientos oculares rápidos) y en las fases profundas no REM, caracterizadas por una gran hipotonía muscular, favorece la pérdida de la coordinación entre los músculos respiratorios y los faríngeos. Con ello, la luz de la vía aérea superior tiende a estrecharse, por lo que aumenta la resistencia al paso del aire.

El aire pasa forzado y hace que vibren los tejidos a su paso. Esta vibración produce el ruido que llamamos ronquido. El ronquido es una señal de dificultad respiratoria que debemos controlar.

Podemos ver más sobre este tratamiento en www.liron.es

Llamamos al Doctor Darío Fernández, que se encuentra de vacaciones esta semana y nos habla sobre la siesta.

Nos cuenta sobre quién inventó la siesta.

Sobre las mejores formas para descansar durante la siesta, que tipo de ruidos afectan negativamente y que otros ayudan a dormir. Hay personas que no deberían echarse la siesta si tienen problemas para conciliar el sueño durante la noche. No es recomendable prolongarla más allá de los 30 minutos, porque entramos en la fase del sueño profundo y puede cambiar nuestro ciclo de descanso.

Es recomendable que los niños hasta los 4 años hagan la siesta de forma diaria, porque les ayuda a parar y retomar sus actividades.

En verano se duerme peor por causa del calor y por el mayor número de horas de sol. La Melatonina no sólo afecta a la pigmentación de la piel, también al ciclo del sueño.

Nuestra experta nos recomienda los alimentos que mejor nos ayudan para conciliar el sueño.

Terminamos el programa hablando del calor y como afecta al descanso y al sueño.

Los seres humanos como todos los mamíferos somos animales de sangre caliente, esto nos permite tener una mayor actividad en una gran variedad de ambientes, pero nos obliga a controlar nuestra temperatura interna en unos rangos muy estrecho entre 36º y 37º, cifras necesarias para que nuestro organismo tenga un funcionamiento optimo. Esta regulación la realizamos controlando la producción de calor por un lado y regulando las perdidas por el otro.

Los trastornos producidos por calor son el resultado del fracaso de los mecanismos fisiológicos que mantienen la temperatura corporal ante una sobrecarga de calor interna o ambiental.

La gravedad de estos trastornos va desde los leves como los calambres, el agotamiento y el síncope, hasta la forma más grave, que es el golpe de calor.

1. Agotamiento por deshidratación. Es una reacción sistémica secundaria a la exposición prolongada al calor con pérdida de agua y sales. Aparecen distintos síntomas como sed intensa, cefalea, vértigo, cansancio, irritabilidad, hipotensión, taquicardia e hiperventilación, debido a la pérdida de líquidos y electrolitos y a alteraciones del sistema nervioso central.

2. CALAMBRES. Son espasmos dolorosos de los músculos voluntarios del abdomen y de las extremidades debido a la pérdida de sales y electrolitos.

3. SÍNCOPE. Es un síntoma que indica que hay un aporte insuficiente de sangre, oxígeno o glucosa al cerebro. El paciente lo describe como una sensación de vahído, con visión borrosa y de tambaleo postural. El desmayo no suele durar mucho y la recuperación es rápida. Tan pronto como el paciente se coloca en posición horizontal, el sistema vuelve a la normalidad. Está causado por una crisis circulatoria al intentar mantener la presión sanguínea y conseguir aportar oxígeno al cerebro. Cuando el corazón está más activo (durante el ejercicio, por ejemplo), la presión sanguínea puede mantenerse elevada durante más tiempo y el calor corporal aumenta progresivamente junto con el estrés cardiovascular provocando un agotamiento. En estos casos, si el calor provocado por el ejercicio y/o el clima no es eliminado, puede progresar a un golpe de calor.

4. GOLPE DE CALOR. Aparece cuando el organismo pierde el control de la temperatura corporal que sube por encima de los 40,5ºC, provocando daño en las estructuras celulares y en el sistema termorregulador, con un alto riesgo de mortalidad. El golpe de calor puede o no asociarse al ejercicio. Es típico diagnosticarse en adultos jóvenes y sanos que hacen ejercicio con temperaturas o humedades ambientales superiores a las normales.

Se caracteriza por reducción o cese de la sudoración (síntoma precoz), cefalea, mareo, confusión, taquicardia, piel caliente y seca, inconsciencia y convulsiones. Entre las complicaciones que puede provocar se incluyen síndrome de distres respiratorio del adulto, fallo renal, fallo hepático y coagulación intravascular diseminada.

Los ancianos son más susceptibles de padecer un suceso relacionado con el calor debido a los cambios intrínsecos en su sistema regulatorio y a la interacción que provoca la mayor toma de medicamentos con la homeostasis, que al estar afectada, no permite que funcionen adecuadamente todos los mecanismos que se ponen en marcha cuando aumenta la temperatura corporal.





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